Categoría: Sucesos

  • Lo que el viento se llevó.

    Lo que el viento se llevó.

    “En tu caso, ha sido culpa del viento. Pero piensa en el lado positivo: solo han sido daños materiales”, decía un miembro del cuerpo de bomberos, tratando de tranquilizarme. Mientras, mi cabeza iba haciendo una lista de todos esos daños materiales: unas gafas de sol, un carrito de bebé, dos sillas infantiles, un tambor, un juguete. El coche.

    Nuevamente el coche. El tercero en seis meses.

    Primero fue el agua y, ahora, el fuego.

    Mientras el ambiente se vestía con el humo negro de los coches calcinados, Nacho Roca, periodista de Las Provincias, intentó hablar conmigo, pero no pude hacerlo. En ese momento no he encontraba las palabras necesarias que pudiesen explicaran el dolor que sentía y, probablemente ahora, tampoco sean las que mejor se ajusten a la realidad, pero merece la pena intentarlo.

    Porque no, no son solo daños materiales: eran unas gafas de sol nuevas que solo me gustaban a mí y que, precisamente por eso, estaba deseando ponérmelas. Era el carrito de bebé que compré el día de mi cumpleaños para mi primer hijo y que, ahora, había heredado el segundo. Eran esas dos sillitas que compramos apurados para que sustituyeran las que habíamos perdido con la DANA. Era el tambor de Milán. El juguete de Martín. El coche familiar con el que viajamos todos juntos.

    No son solo daños materiales lo que hemos perdido, sino todas las historias que llevaban consigo. Los esfuerzos que hicimos para conseguirlos. Otra pequeña parte de nuestra vida que, nuevamente, vemos marcharse.

    Recuerdo el día tras la DANA: bajé a buscar mi coche sin éxito alguno. Lo volví a intentar al día siguiente, y al otro, y al otro. Y cada día mantenía la misma esperanza que hoy: mi coche está bien. A pesar de ver cómo la riada se llevaba mi coche, a pesar de ver cómo las llamas envolvían mi coche. “Mi coche está bien”, una y otra vez.

    Pero no. El espíritu de Harvey Dent ha invadido mi coche y ahora tengo un vehículo quemado por la mitad. Y siguiendo con las referencias cinematográficas, llegamos a la resiliencia de Scarlett O’Hara, que día tras día se adapta y lucha.

    Así que, esta vez, lo que el viento se ha llevado ha sido un coche y, en su lugar, ha traído de vuelta los mismos sentimientos que trajo consigo la DANA.

    O, tal vez, esos sentimientos nunca se habían ido.

    Quién sabe.

    Sea como sea, seguiremos resistiendo y aguantando como O’Hara.