Hoy me gustaría hablaros de un tema muy importante para mí: cómo nació el cuento Las lágrimas de mamá.
Al poco tiempo de venir a vivir a mi actual residencia, la DANA nos sorprendió. Aunque no sufrimos la pérdida de ningún familiar, sí hubo muchos daños materiales, especialmente en la casa de mi yaya, donde el agua llegó casi hasta el techo.
Los que vivimos ese día sabemos que una parte de nosotros cambió para siempre. Y, aunque hemos seguido adelante, a veces no es fácil.
A raíz de aquello, tenía todas las emociones a flor de piel: si reía, lo hacía con intensidad; si lloraba, también. Y lloraba mucho. Lloraba por lo malo, pero también por lo bueno.
Mi hijo, que entonces tenía casi tres años, se preocupaba. No entendía que yo pudiera llorar de felicidad, porque para él llorar era algo malo. ¿A quién no le han dicho alguna vez que deje de llorar? ¿O que llorar no está bien? ¿O que no hay que llorar delante de los demás?
Muchos hemos crecido con ese tabú. Y yo no quería que él creciera con esa idea.
Como no sabía cómo explicárselo, decidí escribirle este cuento, que publiqué a finales de 2025 con la editorial Apuleyo.
Gracias a eso, comprendió que llorar no siempre es malo. Que las lágrimas también son una forma de expresarnos cuando no encontramos las palabras.
¿Sabéis qué? El día más feliz de mi vida… fue también el día que más lloré.
Si queréis saber qué pasó, podéis conseguir el cuento en la página web de Apuleyo o contactando directamente conmigo en comentarios o en mis redes sociales (si os suscribís a esta página web, tendréis un 10% de descuento).

Martín llega del colegio confundido: ¿de verdad los niños grandes no lloran?
Lleno de dudas y curiosidad, acude a su mamá para que le ayude a encontrar una respuesta.
Con esta simple pregunta se adentrará en una conversación tierna y reveladora sobre los sentimientos, y de cómo las lágrimas nos ayudan a expresarlos.
Un cuento lleno de calidez que invita a los más pequeños –y también a los adultos– a descubrir que llorar no es signo de debilidad, sino una forma valiente de expresar lo que llevamos en el corazón.
Un viaje emocional para compartir en familia, ideal para desarrollar la empatía, la inteligencia emocional y el vínculo afectivo entre padres e hijos.
¡Que tengáis un buen día, manzanitas!
Tere.
